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Hace tiempo tuve la oportunidad de leer una de las críticas más severas que uno de los hombres ilustres de nuestro país hizo a lo que es la americanización más aún cuando esta ha constituido parte de la de-formación de nuestras vidas.
Era, entonces uno de esos textos que como parte de mi formación académica me exigían leer para ver más allá de los simples términos mercadológicos que hoy en día existen, sin embargo, éste me permitió no sólo ver la crítica del autor y cuyo nombre es Carlos Monsiváis, como un grito desesperado de un mexicano, sino mejor aún, me daba la oportunidad de cuestionar trasfondos de otros constructos sociales que tendrán que considerarse y que incluso provocan ciertas contradicciones.
Por ejemplo, Carlo Monsiváis, con su crítica tan rígida a los mexicanos y a sus gobiernos en su texto titulado ¿Cómo se dice Ok en Inglés? (De la americanización como arcaísmo y novedad), señala que “gustosamente” hemos permitido el disminuir nuestras tradiciones, disminuir nuestra identidad y disminuir con ello nuestras ideas mexicanas deja de lado uno de los temas más importantes que debemos soslayar como son las necesidades radicales, artificiales y básicas.Y escribe su material, en una atmosfera de rechazo total, al malinchismo mexicano y a la mundialización actual, en especial a la americanización.Por mi parte tengo que reconocer que hace poco más de un año estaba a favor de la globalización, de aquello que permite tener alcance a las tecnologías, a la ciencia, a lo nuevo, a lo moderno, porque todas estas se traducen a la comodidad en la vida como sello de garantía de este proceso, pero alguien sabe qué era eso, qué era o es lo moderno, qué es la globalización, qué es la americanización de la que habla Carlos Monsivais y qué le ha dado a México.Al paso de los días tuve la oportunidad de viajar por diversos países y entonces caí en la cuenta que el texto de Monsiváis, era el reflejo de mexicanos que rechazamos al malinchismo, por lo menos en mi caso hasta cierto momento, hasta que entendí que hay más cosas por encima de la comodidad que ha aportado la americanización.Es decir, su texto eran las mismas ideas, claro las mías escuetas o no tan explícitas por lo menos, que me vinieron a la mente, con relación a la americanización justo cuando no podía dar crédito a que había viajado para caminar por la Gran Vía en Madrid y no dejar de ver un Starbucks, o simplemente caminar por O´Connel St en Dublín y encontrarme un McDonald´s y así muchas otras grandes marcas que al momento me hicieron sentir como en casa, pero después desvanecieron enormemente mis intenciones de seguir apoyando a la globalización, porque, qué era eso, eso era la globalización, eso era americanización.Carlos Monsiváis definió, entonces, a lo largo de su trabajo a la americanización como un intervencionismo sin escrúpulos, o peor aún como una traición a la memoria colectiva, a la individual, a la familiar, a la gremial, al recuerdo de la vida en la familia o en familias, es decir, la traición a la tradición.Y hizo con ello un extraordinario recuento con su peculiar estilo de todo aquello que nos ha doblegado, todo lo que hemos incorporado de nuestro “enemigo probado” quien nos enseñó: uno; aprender de un catálogo de comportamientos y reflejos condicionados, y dos; a ejercitar el fervor por la tecnología, a las ganas de modificar el presente y a aceptar a la americanización.Habló del cine, del teatro, de los medios de comunicación, de las políticas internacionales, de la música, del melodrama, de la comida, de la obsolescencia, de la televisión, de los nike, de los cornflakes, de los refrescos de soda, de las sociedades de consumo, del modelo de organización o simplemente del comportamiento “moderno” calificándolos de mecanismos silenciosos que nos hacen víctimas de una gerencia de consensos, de una americanización, de una hegemonía in-discreta.Que sin duda alguna hoy por hoy nos dejan mal parados en mil y un aspectos como es por mencionar, el caso de nuestra economía o peor aún, nuestro escueto sentimiento mexicano.Un material ciertamente rico para leer, cuando se piensa en el hartazgo malinchista y se deja de lado cuestiones tan propias del hombre.Pero qué sucede con esa idea, con esa crítica tan rígida de Monsiváis, e incluso con esa concepción que tuve de la americanización cuando se piensa en las necesidades radicales, artificiales o básicas. Simplemente nos hace confrontarnos entre aceptar o no a la americanización.Porque acaso no se han preguntado el por qué ciudadanos de la alta montaña de Guerrero por citar un lugar de nuestro querido México que optan por consumir mejor una botella de refresco de cola en lugar de comprar algún otro producto de la canasta básica para su alimentación; aparte de que les es más barato comprar dos litros y medio a bajo costo, que comprar un litro de leche, lo hacen porque existe un sentimiento escondido de identificación.Y es que nos falta analizar que gracias a esas empresas que han sido capaces de ofrecer sus productos, claro ellos pensando en ganar - (siempre) ganar, hacen llegar hasta las puntas de los cerros más lejanos, comparado esto con los esfuerzos pequeños y enanos que hace el gobierno por llevar mejores condiciones a los mismos, provocan que sus medios e inversiones permitan a los que están olvidados en esas regiones tan lejanas, sentirse identificados como mexicanos, porque pueden consumir una botella de refresco de cola, como cualquier otro ciudadano urbano.Ese sentido de identificación y de pertenencia, esa necesidad de universalización, se traduce justamente en la única manera de sentirse parte de un algo, y ese algo es un México cada vez más traicionero de sus mexicanos y cada vez más americanizado.Entonces en qué papel ponernos, en el rígido papel de crítico a la americanización o en aquel mexicano consiente del sistema capitalista, que nos orilla a un mundo no sólo cómodo, sino más sensato de las necesidades radicales, capaces estas de transformar las sociedades.Bien o mal esta discusión de estar a favor o en contra lo que nos debe de ofrecer no es sólo votar por votar y de tomar partido radicalmente, sino mejor aún, debe de provocar que nuestros mexicanos tengan la suficiente capacidad como para entender las definiciones de lo moderno, de entender sus fines filosóficos, sociológicos y económicos, para hacernos más críticos de un sistema capitalista, de un consumismo, de una globalización o simplemente entender la americanización.Y a partir de ahí, de-formar el concepto de transformación como el proceso por el cual la realidad se da con base en la práctica de la acción humana, acompañada esta última con principios asumidos y transformarse gracias a las experiencias aunadas a la dignidad humana, en ciudadanos conscientes, libres, sociales, creadores de cultura que busca el reconocimiento como tal y por ende, como miembro del género humano.
Así, éste, el material de Monsiváis es sólo un vistazo de un solo lado que nos ayuda a entender el problema político, social, económico en el que se cae durante la búsqueda de las necesidades del hombre.
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