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México, ¿víctima de la gerencia de consensos? | México, ¿víctima de la gerencia de consensos? |
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| Escrito por Beatriz Castro García | |
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Cuando hablamos de Hegemonía, nos referíamos a ese proceso para la obtención de control y de imposición de ideologías; desde luego vimos que sólo esto era posible a través de un conjunto de herramientas, que básicamente tenían un objetivo; también hicimos mención de no conocer lo bueno o lo malo de ésta. Dijimos que desde nuestras leyes vistas como norma, como acceso a lo civilizado y como prohibición eran las principales en buscarla, y también nuestro gobierno, nuestra ideología y cultura que parte de la posibilidad del lenguaje y de pensamiento serían quienes de una forma u otra nos asignaban una identidad. Hasta allí, todo se orquestaba para lograr la identidad cultural; sin embargo, lo seguido a ello, fueron los niveles de hegemonía que a lo largo de la historia se han utilizado por diferentes estados, sólo para la obtención de sus objetivos. Hoy, tocó el turno a ese nivel llamado gerencia de consensos, éste ha sido el utensilio de los últimos años de países como Estados Unidos para con México, o el caso de Venezuela sobre Bolivia, y así una serie de naciones que por cuestiones políticas, financieras, comerciales, culturales, religiosas, económicas y demás, influyen en otros, se adentran en sus sistemas y sin darse cuenta los segundos adoptan ideologías que no les pertenecen. Así de manera casi invisible, la imposición de un “algo” se traduce a la mejor y más moderna forma de aprehensión y de hegemonía de estados. Esto menciona que son los productos quienes inician de una u otra forma. Y ciertamente son todos los “productos” quienes encabezan a la gerencia de consensos; ahora bien, cuando nos referimos a productos no sólo debemos de pensar en toda aquella mercancía o material físico-tangible que se comercializa en esta nueva etapa de desarrollo mundial, al que han llamado “mundialización” o simplemente “globalización”. Sino que también me refiero a lo que atinadamente Adorno y Horkheimer llamaron cultura industrial (1), que no es otra cosa más que ver a la cultura como otro tipo de mercancía. A lo que voy, es que actualmente nuestro mundo gira con base en el credo de la libertad de mercado, que es la libre circulación de los productos y de los capitales a través del mundo, haciendo con esto una verdadera exposición e intercambio cultural y que debemos considerar en el tema por ser el medio o nexo para influir en otra nación. A dónde va todo esto, simple, cuando toca el turno de hablar de México y del cómo se ve o juega su papel en el concierto internacional a través de sus productos culturales, vemos a un México que de una manera u otra ha sido discretamente y no influenciado por Estados Unidos. Es cierto que su dinamismo de exportación se ha quintuplicado y con ello se ha convertido en la octava economía exportadora en el mundo y es el primero en toda América Latina, según los mercadólogos; sin embargo, cuando uno cuestiona a quienes pueden vernos desde fuera del territorio, sólo perciben a un país lejano de un crecimiento sólido, que ha quedado rezagado y que está agazapado en las faldas del vecino. Igual y es un poco cruel porque nuestro país exporta toda su variedad y buenos recursos, quienes crean una opinión. Además, en cuestión de cultura, nuestra historia, nuestra lengua, la literatura, la música, las artes plásticas, la gastronomía, la danza y todo lo que se me pueda olvidar han encontrado espacios y con ello reconocimiento ante los ojos de los demás. Por lo tanto, sería poco critica si no soslayo a todo eso que México ha exportado y se ha creado una imagen a nivel internacional, además puedo señalar que con todo y el intercambio comercial que exista, nuestro país se aferra a la no uniformidad cultural, peligro máximo de la globalización, y se mantiene como un lugar multinacional. Esto último muy válido y relevante para que nuestra nación conserve su cultura original, que sí está un poco fracturada, pero que aun nos da esa identidad que en principio vimos como parte de la hegemonía nacional. Ahora, si tuviera que enlistar algunos de los productos culturales que México exporta, puedo iniciar con el petróleo, la industria automotriz, productos textiles y confección, la industria electrónica, la cerveza, el tequila, el café, el maíz blanco, el trigo cristalino y la sémola para la elaboración de pastas entre otros. Y en el caso de las artes, puedo mencionar la producción cinematográfica; por ejemplo todo el material de la época de oro o recientemente los trabajos de Arau, Guillermo del Toro o González Iñárritu y su filmografía como Babel, 21 gramos, amores perros y 11´09”01, quienes a través de su trabajo evidencian a México en todos sus niveles y clases sociales, su vestuario, su ritmo de vida, su ideología y sus sistemas. Si se tratase de la música, el mariachi, los artistas, las producciones, lo eventos y presentaciones hacen otra forma de conexión. En la pintura las obras de Orozco, Kahlo, Rivera, Sequeiros, Tamayo, Cuevas y muchos más hacen también esa labor; ahora los medios de comunicación tampoco pueden quedar fuera, ellos también son parte de la avanzada de la gerencia de consensos; el canal once del Instituto Politécnico Nacional, es reconocidísimo a nivel internacional, o el caso de la televisora comercial, Televisa, quien es de la más grandes y que llega a centro, parte de Sudamérica y parte de Europa. Luego entonces, sí, México ha sido influenciado por los estadounidenses, se ha americanizado a una buena parte de los estado del norte, se han mezclado tradiciones como la de día de muertos con el halloween, y no somos nosotros quienes influenciemos; pero aun podemos decir que tenemos una identidad nacional y que como ciudadanos nuestro papel sería el exigir a nuestras autoridades y organizaciones que tengan que ver con esa exportación de productos comerciales, que busquen las formas para el respeto y/o reconocimiento de la diversidad cultural del mundo entero en todos sus áreas o ámbitos de actuación. Es decir, no dejar fracturar más a nuestra cultura, sino llevarla a su máximo grado, aprovechando la mundialización que hasta el momento, bastante bien lo hacemos. 1 Adorno, T.W., Horkeimer, M. Dialética do esclarecimento: fragmentos filosóficos. Río de Janeiro: Zahar, 1985 |
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