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Una Restiradita | Una Restiradita |
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| Escrito por Laura de la Vega | |
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Inhalo y exhalo. Respiro profundo. Hay muchos espejos en el techo. Los observo. Sin saber cómo o por dónde, salen montones de bichos. Siento sus pisadas por todo mi cuerpo. Me arañan. Me muerden. La sangre brota. Me aterra no poder levantarme. Los vértigos se empeñan en que tropiece con todo. Trato sin lograrlo, de romper los espejos para que ya no salgan más. Me atacan con saña. Chupan las heridas, mi sangre. Si vísceras, sus peludas pansas, se hinchan. Afilan los colmillos en las paredes, donde unos cuelgan boca abajo. Retozan la comilona. Me miran mientras los demás no tienen llene. Mis manos tiemblan. Un sudor helado me recorre el cuerpo. Mi sangre hierbe por todos los rincones de la habitación. No alcanzo los espejos para taparlos con una sábana. Mi salivación es cada vez más fuerte y espumosa. Como puedo camino a la ventana. Aire. Quiero aire. Instintivamente agacho la mitad del cuerpo. ¡Me vale si he vomitado a alguien allá abajo!. Débil, me escondo en el piso del balcon. El vidrio me mira pálida, despeinada. Me acerco. Unos ojos rojos, irritados por las lágrimas y mejillas chorreadas de pintura me miran desde ahí. Las venas de mis párpados están infladas, lo mismo que mi cara amoratada. Observo de nuevo los espejos como cristales alucinantes. Desde la sombra llega la voz tipluda que no desearía volver a escuchar: -¡Señora, señora...! ¿No quiere mirarse al espejo? La cirujía fue todo un éxito. Ha quedado como nueva...- |
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